En el bus se vieron por casualidad, ella supo que era él con el detonar de un espasmo, y él lo confirmó con una mueca alegre que soltó al viento mientras apretujaba la mano de su esposa, quien a su vez sostenía a su hijo que dormía ajeno del mundo. Ninguno dijo nada, solo se dedicaron a estar felices mientras el bus arreaba su marcha cansina por las calles del Distrito Federal. Ella, por su parte, iba acompañada de su abuelo, quien de inmediato percibió lo que acontecía pero que sin embargo no dijo nada, era viejo y educado, ¿que pueden hacer? se preguntó, entorpecer sus vidas después de casi treinta años de haber nacido solo porque en otra vida se amaron enormemente. Cuarenta y dos segundos después el bus paró y ella bajó halada por el viejo aquel al que el amor no lo conmovía, entonces levantó su mano y le hizo una seña desconsolada mientras aquel armatoste de metal se perdía entre el aquelarre del tráfico. Nunca más se volverían a ver………….. al menos no en esta vida.
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Comentarios

tremendo!!!!!!!!!
esos 42 segundos me hacen refelexionar en que hay momentos en q la vida parece haberse subido a un Boing… o más aún, agarrado de un Haz de Luz, para viajar a miles de kilometros por hora… o por segundo…
Otros, donde parece haberse estacionado, y hasta parece que no piensa volver a arrancar…
¿Cuales son esos momentos? ¿Les ha pasado? ¿Cuando? ¿Cuanto duró? y, en definitiva… ¿Cuan rápido pasa la vida?…
En este momento, siento q mi vida va arriba de una tortuga, y q está muy lejos a tomar velocidad. Paradojicamente, estoy deseando de q se pase ràpido… porque será?
este cuento corto es absolutamente espectacular, un beso al autor!!!!!!!!!!!
Llevé más de 42 segundos para acabar la lectura; supuestamente. Por alguna razón mis ojos regresaron a algunas palabras y ahí se detuvieron por largos segundos… creo que spy una experta en “espasmos”… y fue inevitable preguntarmelo: Por qué justo en el D.F.? Por qué? Por qué?
Y al final lo entendí… Sí, se trata de otra vida… sí, sólo ha sido una confirmación, capricho del destino que se ríe de las probabilidades. Y reconocerse es tan sublime; y la fiel ausencia me hará compañía, hasta la próxima vida, sí, así lo mantendré.
Los ojos non son traicioneros, no los míos; nada más son que las ventanas de mi corazón… y antes de que se acabara el cuento, claro estuvo.
Muy bueno! Gracias por compartirlo.
Saludos de una lectora brasileña.
increible me puso a pensar