Siempre detesté ir al campo. Al principio por el resentimiento que da haber sido obligado a ir cuando era pequeño y mis padres determinaban que la pasaba muy bien, mientras mis amiguitos se quedaban en el barrio jugando al papá y la mamá con las niñas que llegaban de la capital por vacaciones prestas para hacer de todo en tierras ajenas, luego porque simplemente eso me creó una especie de trauma que me hizo detestarlo aun más. Por otra parte toda la vida he sido flojo para las labores pesadas, ha de ser porque siempre he sido enclenque, además de torpe, y eso me priva de terciarme bultos encima o manejar el azadón con destreza, por no contar el sinfín de oficios y herramientas propios del agro. Pero luego lo odié con conocimiento de causa, cuando atravesé el continente para terminar los fines de semana recogiendo tomates, pepinos, calabazas, manzanas, flores, tabaco o el famosísimo Ginseng a siete dólares la hora. Ni siquiera he podido saber para que sirve en realidad su tal raicita (porque es una raíz) unos aseguran que produce tan buenos resultados como una pastilla de Viagra y otros, menos licenciosos pero más modernos, le decretan poderes alucinógenos comparables con los de la yerbita que sabemos; lo cierto es que después de un día de recogerla ni siquiera la media librita que uno se lleva (sin pedir permiso) para hacer aromáticas, lo repone, y lo peor de todo es que a la hora del deber se esta tan cansado que ni el Viagra de verdad sirve, y más bien la versión alucinógena se torna más verídica porque prácticamente se pasa toda la noche soñando que se le está recogiendo, en medio de la maleza, completamente enlodado detrás de un tractor que no baja el ritmo, sin que eso cuente como horas extras. Primero estuve en una etapa que llamé condicionamiento económico, 15 días fueron suficientes para darme cuenta que acá no hay plata que alcance, pues los impuestos convierten cualquier billete grande en monedas para el laundry, después de una comprita cualquiera. Por esa época se agotan los ahorros y comienzan a aceptarse las latas como parte del menú, es una lucha dura, pero ellas se imponen tarde que temprano; igual pasa con el Macaroni and Cheese y otras viandas que en nuestro país no vemos nunca. Luego vino el acoplamiento al presupuesto, a decir verdad en ese sigo después de un año de haber llagado y no he podido. Recuerdo que mi mamá siempre salía con la patraña de que si no barría el cuarto antes de salir me iba a ir mal durante el día, recuerdo muy bien, también, que yo agarraba la escoba y empujaba todo el mugre debajo de la cama en un santiamén, no tanto por mejorar mi suerte como por dejar a la viejita contenta. Hasta ahí llegaban mis labores en la casa, y así fue, incluso, hasta cuando me casé, por suerte a bien supe negociar convenientemente con mi esposa y ella se hizo cargo de esa parte que me molestaba a cambio de que yo me ocupara de otras obligaciones menores. La cosa continuó perfectamente hasta cuando cumplí tres años de matrimonio y me vi celebrando solo, trasnochado, con un balde y una escoba, mientras restregaba prácticamente en cuatro patas el suelo asqueroso del John Labatt Centre. Nadie se imagina como puede quedar el estadio después de un concierto de Deep Purple o Pearl Jam en una ciudad como London donde la mayoría de los rockeros son ya de por si sucios cuando no están eufóricos. Ocho cincuenta la hora o nueve, dependiendo del contratista.
Después de pagar la renta (elevada a la razón de 100 dólares en promedio por encima de lo que dan en la asistencia, con el propósito de vivir casi tan dignamente como se vivía antes) el seguro del carro, el Internet, el YMCA, el teléfono de la casa, el celular, si es que se tiene y otros gastitos menores no queda más que echarle mano a los bancos de comida o a lo que sea que nos socorra comida y abrigo como único recurso en orden de sobrevivir. Bendita sea esa panadería de la Dundas que da gratis ese pancito de verdad que nada tiene que ver con el cartón que venden en el supermercado, bueno, el pan que toca comprar por aquello del presupuesto. Personalmente no creo en la reencarnación, personalmente no creo en nada, pero si es que existe yo debí haber vivido, o quizás nacido, en un restaurante italiano en otra vida; la comida italiana es mi alegría, en ese sentido hace un año que no soy alegre, pues eso hace que no me como una pizza o una lasaña, pese a haber repartido cientos de ellas por la zona de Westmount, que era la que me correspondía, pues a cada propina mi esposa ya le tenia oficio para el día siguiente, más de una vez estuve tentado a pedirle a una viejita que era cliente habitual, que a cambio de su monedita de dólar, que era lo que solía darme, me diera más bien un mordisquito. El día en que Katrina subió la gasolina perdí el ánimo y tuve que dedicarme al periódico, ahora gano 20 centavos por cada uno de los que reparto. Así, tal cual le digo a mi papá cuando lo llamo para que se sienta orgulloso de mí: -Estoy súper. Comento -entre semana me ocupo del periodismo al tiempo que atiendo la universidad de Wheable, los fines de semana, mejor, me voy a la finca con unos amigos. A él lo único que le ha extrañado es que después de tanto tiempo le haya cogido gusto al campo.
Del Welfare y otros Demonios
Noviembre 19, 2006 de Juan Fernanado Gualdron
even better!!!!!!!!!!
Identico a todos los colombianos en London. Un comemierda, acostumbrado a hacerle trampa a absolutamente todo, mentirle al gobierno, robar al Welfare y presumir ante la familia de que tiene una posicion altisima en Canada. Debe darle pena escribir tanta porqueria y ser tan poca cosa. Lo unico que merece es quedarse limpiando la mierda del John Labbatt.
Usted es uno mas de los miles de colombianos que vienen con una sarta de mentiras y se creen de mejor familia que todo el mundo.
identico a todos menos a ella, que es una amargada y una maleducada, ademas de resentida. no hay sino que tener dos centimetros de frente para saber que todo esto es pura cuento. si el susodicho presumniera de algo de seguro no lo escribiria poniendose como personaje protagonista de sus propios cuentos. s e nota que nunca ha leido nada distinto a las revistas faranduleras. a mi el cuento me gusto y consiguio lo que buscaba: hacerme reir
Huy bueno este si lo lei desde la vez del periodico es el unico ejemplar que tengo recortado por que jamas volvi a ver ese periodico hasta este año. Te falto experimentar los cucumbers….lo cual no kiero ni ke te imagines jajaajja Bueno como serian que añoraba mi regreso a la Ferley, y bien ke le hayas cogido gusto al campo
Yo por mi parte no tengo ganas de volver, no claro que miento depronto a cabalgar en otros tiempos y por supuesto en otras tierras.
A las personas que escribieron, creo que la verdad son muy ignorantes los dos. Ninguno conoce la vida como se vive aqui y la verdad creo que se estrellarian y aprenderian a ser diferentes si tuvieran que vivir una experiencia de estas. Cuento…jajajaja eso es lo ke mas me hizo reir a mi. La ignoria si es de verdad el mas grande de los delitos de la humanidad.
oh…y no me acordaba de que trabajaste en Labatt…yo ahy saque mi degree, despues de eso No volvi a barrer. Lo que no se pratica se olvida, debo retomar las labores del hogar. jajajaj
la gente que es deshonesta cree que todo el mundo lo es, cuando un apersona escribe lo hace recijiendo experiencias de otros y lo nque we , no lo que wiwe,, yo mas que nadie se la persona tan honesta y recta que es este escritor!! y gracias a Dios no necesito trabajar e labbatt para eadir impuestos!