La primera vez que se vieron se gustaron pa’que. Sin embargo él procuró no verla demasiado, y menos a los ojos, cuidándose de concentrar su mirada entre la cara y el cuello, que es lo más lejos que puede llegar una mirada a una mujer atractiva sin tornarse vulgar; tenia bien claro, por recomendación de su esposa, que una acción de esas le podía valer la más peligrosa de las culpas. Ella, en cambio, ajena a sus yugos, entendió su discreción como una señal que no podía ser sino de fascinación y, con esa decisión que sólo tiene el pecado, lo encaró. –Ve, y vos, where are you from? – le preguntó sonriente, mezclando con el aire grueso de la música estridente, el más delicioso acento paisa. Juan Carlos dejó a su esposa tres años atrás para irse en busca del sueño americano, la dejó pero no como quien deja un amor perdido sino como quien oculta un tesoro que espera encontrar en las mismas condiciones en que fue escondido. Es doctor, de vacas, como el mismo dice, pero doctor es doctor al fin y al cabo, se ríe. Cuando salió de Colombia no tenía trabajo, ni propiedades, ni plata, por ende no tenía problemas con la guerrilla ni mucho menos con los paramilitares, si al caso con el vecino de la tienda, don Oscar Laverde, recuerda, que era el que le fiaba el desayuno, pero ese era un problema menor que ya sabía lidiar. Se autodenomina coloquialmente un perseguido por la necesidad, al igual que muchos que no tienen la franqueza de aceptarlo. –Por qué esconderlo -comenta -no tener trabajo no es una deshonra en un país con un índice de desempleo tan alarmante como el nuestro, en un país tan grande como América latina –añade como ensimismado, volviendo su mirada a la fotografía de Clarita, su esposa. El plan era sencillo: quedarse un año en Estados Unidos, barriendo, pintando, lavando platos, lo que fuese necesario, sin importar lo que hubiese que hacer, total allá nadie lo conocía, ahorrarse una platica y montar su propio consultorio en Colombia. Todo estuvo muy bien, la visa la consiguió sin problemas, por suerte a bien, y viajó en el tiempo estimado, eso si, dejando a Clarita sumida en la más profunda de las depresiones, pues paradójicamente los asuntos de su visa ya para entonces eran un mal recuerdo. Según comenta la pobre perdió más de veinte libras desde el primer año y sólo vino a recuperar algunas hasta cuando supo que podía venir a Canadá. Ella, una estudiante de sexto semestre de enfermería, y con tan solo 21 años supo entender a fuerza de discursos mal practicados que antes que amor era mejor futuro. La despedida fue lo más cruel, sin llanto, sin nada. Un pellizco duro le marco los dedos al darse el ultimo beso cuando no tuvo otro recurso para darle a entender que estaría bien si aguantaban hambre juntos con tal de que no se fuera –Me quedo muerta. Se le oyó decir. –Te lo suplico, no llores. Fue su contestación. Dicen que las azafatas y los empleados de las aerolíneas delatan a los que lloran demasiado en los aeropuertos porque de seguro serán los próximos en quedarse; en ese sentido aquellos visionarios que solían llevar buses repletos de familiares llorones como oficiantes de su propio entierro o quienes gustaban de contratar mariachis y llevarlos hasta las mismas puertas de American Airlines ahora lo piensan dos veces y prefieren reservarlos para la noche de despedida en la intimidad del barrio. -Los pobres nacemos viejos. Me comenta desairado. –Y los que nos vamos nos morimos en vida. En cierto modo tiene razón; muchos nunca vuelven y con el tiempo van perdiendo el animo de las primeras llamadas, convirtiéndose en fotos alegres que adornan las salas silenciosas de aquellas madres que nunca pidieron ninguna compensación por ser lo que fueron y para las que el Tommy Hilfiger de la ropa que reciben por encomienda sólo representa un nombre complicado que nunca han podido pronunciar bien y por el que no vale la pena canjear los hijos; fotos en el mar, en la nieve, en el mar con nieve, que sé yo, en tantos otros lugares desconocidos que la mayoría de ellas jamás conocerá, voces que hablan desde el mas allá, muertos que hablan y piden la bendición que nunca pedían e invocan a un diosito que a regañadientes conocían por la misa obligada de los domingos, muertos que se han vuelto buenos a fuerza de trabajo duro y dicen las cosas más lindas que nunca dijeron en vida, en casa, por la sencilla razón que nadie extraña lo que no ha perdido. –Todos los que estamos en Canadá somos ricos. Ironiza como cambiando de tema –acá vuelven a florecer los títulos y todo el perendengue que nos quitaron los gringos a punta de ignominias. Lo único bueno es que Clarita no se va a tener que comer la mierda yo que me comí, ese es mi único consuelo…..
-Colombiano. Responde contrariado –I’m from Colombia. Se aventuró con algo de ingles dejando sentir su acento de tercer nivel de ESL.-Y eso? Pregunta ella, como cabalgándose sobre su propia belleza, haciendo referencia al anillo dorado, delatador e intruso, que descuidadamente destella en su dedo.Juan Carlos lo mira con detenimiento como si nunca hubiera estado ahí, luego la mira perturbado y de nuevo lo vuelve a mirar… más de 150 dólares mensuales en tarjetas para llamadas de larga distancia, dos cuentas de Internet llenas de tarjetas electrónicas de gusanito punto com, un Messenger exclusivo para ella y más de treinta cartas obsoletas, de esas que se mandan por correo…Cómo se llama? Ah Si, aéreo, de las antiguas, llevaron a que él desde lo más razonable de su alma acertara con la respuesta más objetiva:-Es mi mejor amiga.
buenisimo!!!!!!!!!!!!!!!!!
Me encata este, hasta hora el que mas me gusta. Me llego al corazon.:)
la amiga fiel!